pensar mi maternidad


helena - junio 17, 2019 - 0 comments

No voy a ser una «buena madre» si es que ése ser existe.
Me siento viviendo una contradicción, mi actual realidad es ambivalente y confusa.**

Mi cuerpo dejó de ser su casa.
El embarazo es bestia pero se adapta en meses, expulsas y en una semana lo pierdes todo. No paras de sangrar como un cochon en semanas. 
Sentirme iceberg, sólo se aprecian las secuelas físicas pero más difícil es imaginar lo oculto de lo emocional. **

La demoledora palabra «normal» lo agrava todo.
Cada opinión, comentario todo me desestabiliza y a la vez me pretenden consolar.
Vuestra normalidad me desborda.
Siento desconsuelo.**

Batallo contra el sueño, cada noche.
Estoy «sin dormir el sueño de los justos» **

Su llanto. Intento descifrar su porque continuamente. 
Debo aprender a bloquear esa angustia, porque no emana ni una lágrima.
Su lloro no se puede traducir al sufrir adulto. Un nuevo lenguaje.
Mi compañero me abre los ojos y cuando uno cae el otro intenta no reblar.
Yo también lloro.
«Nadie pide lo que no necesita»**


Su sonrisa involuntaria y la luz de sus ojos me devuelven un amor infinito.
De qué se reirá? Tiene ya recuerdos agradables? Es un bebé feliz?
Pensar que hemos convivido juntos en el mismo cuerpo.
He dado luz a su corazón.**

Animalito. Su pequeño cuerpo, blanco, caliente, tierno, los sonidos que emIte.  
Su instinto atroz de vivir es el de un animal.
Nunca en la vida lo va a tener tan claro como ahora mismo.
Su tiempo está comprimido y alargado sólo al Ahora.
Y trepa buscando inquieto sobre mi cuerpo. 
Soy alimento.**


Un nuevo yo?
«te cambia la vida» pues espero que no o no lo suficiente para perderme.
Con mi yo de antes me entendía bastante bien, me sentía satisfecha. 
Horror a una nueva versión de mi que no me convenza.**

Jamás había sentido tal extrema vulnerabilidad e inseguridad.
Su dependencia es feroz, no entiende de justicia y a la vez acabo de cerrar un trato: «darlo todo por él»